Le
apuesto un pollo a que alguna vez le han dado una mala noticia. Algo
que no quería oír, que estaba en contra de sus expectativas, que lo hizo sentir
muy triste. No es el único. Y tampoco será la última vez que tiene esa presión
en el corazón y se pregunte ¿Por qué a mí?
Así me sentía yo en el 2010. Tenía 19 años y estudiaba 3er años de Administración en
Bogotá. Durante ese año mis amigas Pepita* y Juanita* se fueron a vivir 1 año a
EEUU para trabajar como Au
Pair, un programa de intercambio
cultural donde se aprende el idioma extranjero mientras ayudan al cuidado de
los niños de su "familia adoptiva".
El plan era
perfecto: 1 año recibiendo paga mientras aprendía ingles -una de mis mayores
falencias en ese entonces-. Sería mi primera vez fuera del país. El costo del
programa podía ser cubierto con un ingreso adicional que
recibiría mi madre; así que ella decidió apoyarme en mi sueño. Solo era
cuestión de esperar un dinero 99% seguro. Llené todos los formularios, entregue
documentos, separé mi cupo... pero el dinero no llegó. Solo había un 1% de
posibilidad de que no llegara y así pasó. Murphy básico.
Cuando llamaron
para decirme que perdí el cupo fue devastador. Las ilusiones que tenía de un
momento a otro se fueron y el espacio que dejaron se lleno con una pregunta
repetida mil veces: ¿Por que a
mi?
Esa noche renegué
sobre todo y todos. Para mí era imposible aceptar que por algo que no estaba
dentro de mi control hubiera perdido la oportunidad de mi vida. En un
despliegue de ego monumental critiqué lo que estaba pasando consiente de que
hay un Dios que todo controla. Perdí la fe.
Uno de mis discursos
favoritos dice: "No puedes conectar los puntos viendo hacia adelante; sólo
puedes conectarlos mirando hacia atrás. De modo que tienes que confiar en que
los puntos de alguna forma se conecten en el futuro." Y así pasó.
Ahora, viendo en retrospectiva me doy cuenta que haber perdido el cupo para irme de Au Pair fue uno de los mayores milagros de mi vida. La razón: Después de superar la tristeza, me propuse a encontrar una pasantía para poder ahorrar e luego irme al extranjero. Resultó ser que la pasantía fue la que me llevó a vivir en el extranjero. Un mes exacto después de perder el cupo me estaban entregando una oferta para hacer la practica internacional en la empresa en la cual hoy trabajo hace ya varios años.
Así que si usted tiene que afrontar una mala noticia recuerde lo siguiente:
1) Nada pasa por que si, todo siempre tiene una razón: A veces la razón va más allá de su entendimiento. De gracias por eso, aun puede sorprenderle los milagros.
2) No controlamos lo que nos pasa, pero si como reaccionamos ante ello: No se enfoque en controlar aquello que es incontrolable. Enfoque su energía en que la noticia no lo afecte tanto que lo deje inservible para encontrar la solución.
3) Tome una decisión, eso lo hará sentir mejor: La primera reacción natural es lamentarnos, pero cada segundo de lamento es un segundo más de demora en la ejecución de la solución. Tome una decisión para sentirse mejor (o por lo menos para estar ocupado ejecutándola).
4) Piense en todas las otras malas noticias del pasado que han resultado en beneficios: No pierda la esperanza. Recuerde que no es la primera vez que las cosas no salen como espera. Eso lo ayudará a recordar que tan fuerte puede llegar a ser.
5) Agradezca todo lo bueno que tiene Por muy mala que sea su vida en ese momento, siempre debe haber un pequeño detalle que lo haga sentir bien. Piense en su mascota, en su familia, en sus amigos o cualquier cosa que lo haga compensar un poco el mal sabor de las malas noticias. Nadie tiene una visa tan asquerosa como para no tener algo que lo haga feliz.
De esta historia hace ya 5 años. Pero la enseñanza se ha mantenido por siempre: Los puntos en algún momento se conectaran. Tenga fe.
Cómo siempre, Ana Rojas is right.
Ahora, viendo en retrospectiva me doy cuenta que haber perdido el cupo para irme de Au Pair fue uno de los mayores milagros de mi vida. La razón: Después de superar la tristeza, me propuse a encontrar una pasantía para poder ahorrar e luego irme al extranjero. Resultó ser que la pasantía fue la que me llevó a vivir en el extranjero. Un mes exacto después de perder el cupo me estaban entregando una oferta para hacer la practica internacional en la empresa en la cual hoy trabajo hace ya varios años.
Así que si usted tiene que afrontar una mala noticia recuerde lo siguiente:
1) Nada pasa por que si, todo siempre tiene una razón: A veces la razón va más allá de su entendimiento. De gracias por eso, aun puede sorprenderle los milagros.
2) No controlamos lo que nos pasa, pero si como reaccionamos ante ello: No se enfoque en controlar aquello que es incontrolable. Enfoque su energía en que la noticia no lo afecte tanto que lo deje inservible para encontrar la solución.
3) Tome una decisión, eso lo hará sentir mejor: La primera reacción natural es lamentarnos, pero cada segundo de lamento es un segundo más de demora en la ejecución de la solución. Tome una decisión para sentirse mejor (o por lo menos para estar ocupado ejecutándola).
4) Piense en todas las otras malas noticias del pasado que han resultado en beneficios: No pierda la esperanza. Recuerde que no es la primera vez que las cosas no salen como espera. Eso lo ayudará a recordar que tan fuerte puede llegar a ser.
5) Agradezca todo lo bueno que tiene Por muy mala que sea su vida en ese momento, siempre debe haber un pequeño detalle que lo haga sentir bien. Piense en su mascota, en su familia, en sus amigos o cualquier cosa que lo haga compensar un poco el mal sabor de las malas noticias. Nadie tiene una visa tan asquerosa como para no tener algo que lo haga feliz.
De esta historia hace ya 5 años. Pero la enseñanza se ha mantenido por siempre: Los puntos en algún momento se conectaran. Tenga fe.
Cómo siempre, Ana Rojas is right.
*Nombres cambiados - No tengo amigas llamadas Pepitas ni Juanitas.
